Greenwashing: El engaño verde

El compromiso con el medio ambiente debería estar prácticamente en el ADN de todas las empresas. El consumidor lo demanda y las compañías parecen no ser conscientes de ello. Ante esto, recién se empiezan a preocupar por mostrarse ante la comunidad lo más verdes posible. Pero no siempre es así, sino que es sólo greenwashing.

Greenwashing, cuya traducción sería “lavado verde”. Se trata de una estrategia comercial donde las empresas no se implican con actitudes más ecológica sino sólo para limpiar poco a poco su imagen y mejorar la comercialización de sus productos o servicios en venta.

Este tipo de estrategias sirven para limpiar la opinión pública y permiten mantener al margen las polémicas y críticas más duras de parte de ecologistas. El caso más común actualmente es la medida que intentan tomar numerosas compañías automovolísticas con coches híbridos o ecológicos.

Veamos un poco de historia, el ecologista neoyorquino Jay Westerveld fue el primero en usar el término para referirse en la década de los 80 a los hoteles que promovían la reutilización de toallas pero, sin embargo, carecían de estrategias de reciclaje definidas. Por su parte, hace unos años Scott McDougall, presidente de TerraChoice, una agencia de marketing medioambiental canadiense, hablaba sobre los supuestos 7 pecados del engaño verde, o prácticas tendenciosas más comunes incluidas en el etiquetado y la comunicación comercial de los principales productos de consumo con supuestas ventajas medioambientales.

Los 7 pecados del greenwashing

  1. Decir que un producto es verde: Asegurar que un producto o servicio es ecológico significa cumplir una serie de requisitos. No se trata de ser exhaustivos, pues en realidad ni siquiera los logos o certificados garantizan tal cosa, pero sí es importante ir más allá de los atributos mínimos, sin descuidar importantes asuntos medioambientales.
  2. Ventajas difíciles de certificar: Basarse en supuestas ventajas difíciles de certificar, ya que sabes que nadie va a ir a preguntarles por ellas. Suele adoptar la forma de expresiones ambiguas como, por ejemplo, afirmar que parte del producto tiene un contenido reciclado, sin aportar pruebas ni dar porcentajes concretos, incluir el respectivo logo, etc.
  3. Descripciones vagas: En esta ocasión, hemos de estar atentos a las definiciones demasiado generales, que aluden a lo natural que puede ser un producto de un modo abstracto, que no aporta la información necesaria.
  4. Etiquetas falsas: Falsear la realidad significa engañar y esto es precisamente lo que ocurre cuando en el producto se utilizan palabras o imágenes que intentan hacernos creer que, de un modo u otro, cuentan con un apoyo institucional que en realidad no existe.
  5. Poner el acento donde no es necesario: Aunque se especifique que el producto en cuestión está libre de tal o cual aditamento o ingrediente, no siempre se trata de una afirmación que deba tenerse en cuenta ni considerarse una ventaja ambiental.
  6. Distraer la atención: La ventaja que se presenta puede ser, en realidad, el menor de los dos males, con lo que resaltarla significa distraer al consumidor de lo importante.
  7. Sellos falsos: Son más frecuentes de lo que creemos los productos que aseguran, falsamente, tener un sello ecológico haciendo un uso fraudulento del mismo. Contra ello, la mejor arma es estar bien informados como consumidores.

El greenwashing parece ser la nueva publicidad engañosa para engatusar a clientes fáciles. Desde hoy, el producto que apoya al medio ambiente es más accesible a la venta en cualquier mercado pues todos tenemos la voluntad de ayudar a nuestro planeta. ¡A tener cuidado! Si eres una empresario que no sólo quiere disfrazar de color verde a su negocio, te invitamos a contactarnos y te asesoramos en buenas practicas con el medio ambiente.

Coméntanos

comentarios

Comments for this post are closed.